lunes, septiembre 28, 2009

COMO SE FORJA UN CAMPEÓN

“Soñamos con soluciones mágicas y sin esfuerzo,

cuando los verdaderos campeones

aparecen después de años de silencioso

y disciplinado esfuerzo, no de fin de semana,

sino de cada día”.

DORA CECILIA SUÁREZ ISAZA

tuttasi@yahoo.com.ar

EL COLOMBIANO – 05/09/2009

No es fortuito, ni un privilegio de los dioses para algunos escogidos, el obtener éxito en las actividades emprendidas, ni la causa de los resultados obtenidos podemos seguir buscándola en personas, cosas o circunstancias ajenas a nosotros mismos.

Decidimos tantas cosas en la vida que sólo se quedan en nuestra fantasía, en una decisión no asumida realmente, porque nunca damos el primer paso para emprenderlas y volverlas realidad.

Simplificando un poco, pudiera decirse que el éxito tiene un sinónimo que sería la disciplina, expresada ésta como una acción persistente para obtener una meta. En contraposición, el fracaso tendría su sinónimo en la “excusitis”, que sería en cambio una evasión persistente amparada en el miedo o la pereza, actitudes estas camufladas en mil razonamientos, porque nos resulta menos doloroso y comprometedor asumirlas, darles la cara y mandarlas a paseo.

Y así, se nos va la vida postergando acciones que, de emprenderlas, harían un avance significativo en la consecución de nuestras metas. No se trata de buscar ayudas para la “buena suerte”, ni esperar el gobierno soñado paraqué modifique las causas de mis dificultades.

Cuántas personas han mirado en políticos al nuevo mesías esperando que, por poner un ejemplo, Barack Obama “sí hará la diferencia, sí nos sacará de problemas”, mientras su vida cotidiana permanece en la inercia, la evasión y las excusas. Sería interminable la lista de excusas, que nosotros, los humanos nos inventamos para evitar el compromiso de vencer el miedo y la pereza. Así, nos decimos a diario: Voy a empezar a hacer ejercicio mañana mismo, para cuando llega el día siguiente decir: “no, mañana empiezo porque: está lloviendo, anoche no dormí bien, como que me está empezando una gripa y así no es bueno hacer ejercicio, los tenis que tengo no son los adecuados, no tengo con quien salir, estoy muy “gorda” y no me queda bien la ropa de deporte”, etc. etc., camuflaje evidente de una señora muy conocida llamada pereza. Y entonces, pasan los años, viene el sobrepeso, la diabetes, la hipertensión, y ahí sí, obligados, a hacer ejercicio diario para “prevenir” las complicaciones, cuando antes se pudo hacer tanto para prevenir la presencia misma de la enfermedad.


Nos decimos igualmente: “No; es que a mí no me gusta eso, o ese grupo no es bueno, o esa gente es muy antipática, o estudiar es para ricos, o ya estoy muy viejo, o yo no tengo formación adecuada para emprender esto o aquello, o eso está muy difícil, o seguro se van a reír de mi, o me da pena, o qué tal que no lo haga bien” etc., cuando la razón real es simplemente el miedo al fracaso, a los retos, a exponernos ante los otros y correr el riesgo de ser evaluados negativamente.

Fracasamos en nuestros deseos de triunfo porque no emprendemos la acción, en el día a día, con nuestra meta como norte, y nos quedamos en sueños, por miedo o excusas que creemos nos protegen, cuando en realidad por no intentarlo, nos acercan al temido enemigo: el fracaso.

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